sábado, 31 de octubre de 2009

Zulema - La Momia

Mi nombre era Zulema, Princesa de Barakoa e hija de Erick el Chacal. Mi padre era un rey justo y trajo prosperidad a los pueblos de estas tierras; todos vivían en paz y harmonía hasta el día que él llegó. Un náufrago proveniente de Amenti, una de las siete islas de la desaparecida Atlántida; Crato y sus hombres fueron bienvenidos con los brazos abiertos, pero en lugar de agradecer nuestra hospitalidad, mintió, engañó, y robó por dos años hasta que una madrugada partió, no sin antes cometer un abuso más...contra mi.

La vergüenza me llevó a lo alto de las montañas para ocultarme mientras el hijo que llevaba en mi vientre nacía; el resultado de la cobardía y crueldad de Crato. A pesar de ser hijo de ese monstruo, Zachar era también mi hijo, y traté de llevarlo por el buen camino, pero desde pequeño demostró ser igual a su padre. Crato me robó la dignidad, mi reino, mi padre, y la cordura de mi hijo, a quien con mi último aliento de vida le pedí que vengara todas las infamias que el Gran Crat cometió contra nosotros.

Hoy no soy más que un cadáver pudriéndose en un cuarto, momificada, y sentada en un falso trono; sin una tumba en la cual descansar porque mi hijo en su locura se niega a aceptar que he muerto... mi pobre hijo, quien hoy trae consigo a una joven que sin duda es de la tribu de los Turanios, llena de horror al ver mi cuerpo sin vida. Zachar la obliga a que se arrodille ante mi, pero ella se niega. El comienza a hablarme y a decirme que ella es su nueva favorita, como si estuviera esperando mi aprobación; pero yo no respondo.

Los dos comienzan a reñir, y la Turania empuja mi cuerpo al suelo... cuantas más indignidades tendré que sufrir? Zachar saca su sable y amenaza con matarla por este insulto; la joven trata de tomar una antorcha para defenderse, pero es en realidad un mecanismo que activa otra puerta en este cuarto secreto. El sonido ensordecedor de campanas brotan del pasillo adjunto, y un hombre vestido de rojo, con la insignia de la Atlántida aparece llevando a una rubia en sus brazos.

Ni siquiera en la muerte he podido encontrar la paz y la tranquilidad que tanto me fueron negadas en vida. Mientras continúo rondando los pasillos del palacio real, me pregunto si algún día el sufrimiento terminará, si algún día dejaré de ser un alma en pena, si algún día el descanso eterno llegará.

1 comentario:

  1. Muy bueno Jose, vaya que hay personajes para una película de terror, feliz hallowen

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