Los soldados escoltan a Osiris hasta el palacio de Isis, mientras Ramadán promete a Kopto que pronto volverá para terminar lo que comenzó. Una vez en el trono de la emperatriz, Osiris es acusado de matar al faraón Atenhotep, y aunque trata de convencer a todos que es inocente, no tiene palabras qué decir cuando Isis entra con su medallón en mano como prueba irrefutable del horrendo crimen.
Isis llora de tristeza y rabia mientras tacha al hombre que tanto amaba de asesino. Osiris le jura que se trata de una trampa, y le pide que recapacite, pero la evidencia es innegable e Isis da la orden que el príncipe sea llevado a una prisión mientras llega el amanecer para ser ejecutado.
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