Al ver que Isis se encontraba con Babel, Asuramaya corrió en busca de los soldados para ayudarlas, pues por el momento la emperatriz no debe sufrir daño alguno o el brujo se metería en problemas con su amo. Babel inmediatamente acusa a Asuramaya de tratar de asesinarla, y los dos comienzan a reñir. Isis detiene la confrontación y le explica a Isis que Atenhotep juró proteger al embajador asura durante su visita a Saís.
Babel insiste que el anciano es un asesino, y como prueba está el reptil que yace muerto en el suelo, ya que las cobras no son nativas de Saís sino del país asura; sin embargo Isis advierte que eso solo es evidencia circunstancial e insuficiente para acusar a un diplómata del rango de Asuramaya. La emperatriz da por terminada la discusión, pide a Asuramaya que se retire, y ordena a un par de soldados que cuiden de Babel, mientras ella va de regreso a su trono para esperar noticias de la cacería contra Osiris.
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