jueves, 3 de diciembre de 2009

Calixto - El Comandante

Hoy el destino le ha dado una oportunidad más a aquel que fuera el comandante de las tropas de Cratala. El Gran Crat ha perdonado su ofensa y lo ha enviado tras Ravana y Leopardo para que los capture por alta traición. El señor de las sombras raramente da oportunidades, y esta es una que Calixto no va a desaprovechar. Mientras los sigue a toda velocidad en su caballo, Calixto puede ver a Ravana y Leopardo tratando de controlar el carro de guerra que se adentra en los espesos árboles del bosque. Los prófugos están a punto de estrellarse contra los robles, y Calixto acelera el paso para atraparlos.

Calixto ve a Ravana saltar del carro y montar uno de los caballos que tiran de este; luego ve al jorobado tirarse al aire mientras la princesa lo agarra en pleno vuelo. Ravana separa los caballos del carro que se hace mil pedazos contra los robles, y luego de adentrarse al bosque de los Turanios, el par se dirige al risco de la playa. Una vez llegan a la costa, Ravana y Leopardo saltan de un risco al otro en un desesperado intento de evadir a su persecutor, y en un acto que solo puede ser descrito como un milagro, el par y su caballo caen sanos y salvos al otro lado.

Ravana ejecuta el gran salto mientras Calixto falla

Convencido que podrá hacer lo mismo, Calixto salta en su corcel; pero no calcula bien la distancia y estando a solo metros del otro lado, ambos caen estrepitosamente al mar. Mientras nada hacia la playa renegando de su suerte, el Comandante inesperadamente se cruza con un extraño carro de guerra abandonado en la arena, y para su sorpresa, este le comienza a hablar al acercarse.

"Hola mi nombre es Cronos-7... no toque los controles... yo guiaré la nave... hacia donde nos dirigimos"

Los ojos del Comandante brillan nuevamente con desmedida ambición, y le ordena a Cronos-7 que se dirijan a Cratala. En control de la poderosa nave, Calixto sabe que es invencible, y de ahora en adelante será conocido como el Gran Calix!

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Orión - El Atlante

Orión reza en silencio una oración por el alma de Uranto, cuando los mercenarios entran de nuevo al salón del trono para descubrir que el hombre vistiendo las ropas de Zachar no es el Gato Negro en realidad sino el extranjero. Orión se da a la huida, va por Eva quien ya sabía su secreto, y se dirige con ella a la plaza de Barakoa donde roba el cadáver de Zachar para recuperar su uniforme atlante. Minutos después la pareja trepa por una de las altas murallas para abandonar la ciudad y descubren que la única forma de lograr el imposible escape es saltar al agua que rodea la ciudad.

Eva está convencida que esta osadía es un suicidio, Orión sabe que es la única salida, y sin pensarlo más, los dos se arrojan cayendo vertiginosamente al agua. Los mercenarios descubren la fuga y comienzan a arrojar flechas y lanzas esperando ensartar a los prófugos. El atlante y la Turania buscan refugio bajo el puente levadizo para tomar aire, pero no le toma mucho tiempo a los guardias darse cuenta de ello y uno a uno se arrojan al agua con dagas entre los dientes para asesinar al par.

Orión y Eva saltan al fondo del pozo

Orión toma una caña de bambú y se la da a Eva para se sumerja y pueda respirar a través de ella, mientras el confronta a los mercenarios. El intenso entrenamiento que recibió en la escuela de guerreros de la Atlántida desde niño le permite aguantar la respiración por varios minutos, mientras que los mercenarios no cuentan con tal habilidad, y con sus poderosos puños es capaz de vencer a muchos de ellos. Eva no corre con tan buena suerte, pues uno de los guardias nota la caña de bambú moviéndose en el agua, y captura a la joven. Orión se ve obligado a salir a la superficie. Mientras más y más mercenarios saltan al agua, el guardia le dice que solo si logra vencerlos a todos podrá salvar la vida de su amiga, de lo contrario los dos morirán!

martes, 1 de diciembre de 2009

Uranto - El Usurpador

Antes que noticias del inminente hundimiento de la Atlántida llegaran a su oido, Atlas, el Supremo Regente del continente, ya había decidido convocar a los mejores guerreros para participar en el torneo del cual surgiría su sucesor. Pero Atlas tenía dudas acerca de la lealtad de uno de los aspirantes: Crato, Príncipe de Amenti. Para comprobar sus sospechas, Atlas reclutó en secreto a uno de sus más cercanos y valerosos aliados: Uranto.

Su secreta misión, de la que ni siquiera el sabio Serapis estaba enterado, era averiguar la verdad acerca del amentiano y sus intenciones. Con el fin de poderlo infiltrar en Amenti, Atlas ordenó a los mejores cirujanos de Poseidonis que transformaran el rostro de Uranto para que fuese idéntico al de Crato. Para desgracia de todos, la catástrofe llegó justo cuando Uranto estaba en medio de su misión. Uranto sobrevivió el hundimiento y dos años después llegó a la que creía era la Colonia de Cibola, pero en su lugar se encontró frente a frente con el hombre al que trataba de desenmascarar: Crato.

El Gran Crat le perdonó la vida a cambio de que entrenara a los jóvenes cadetes de Cratala, y con el tiempo, Uranto se convirtió en un respetado general. Cuando Crato se casó con Mura, Uranto comenzó una amistad especial con ella; pero creyendo que se trataba de algo más, Crato destruyó la reputación del general haciéndose pasar por él y torturando a los cadetes cortándoles los dedos. Todos creian que el responsable de tan terribles actos era Uranto, y con todo el ejército en su contra, el general fue capturado y llevado a la celda más oscura y húmeda del reino donde pasó los siquientes años de su vida.

Cuando finalmente logró escapar, Uranto solo pensaba en vengarse de Crato por arruinarle la vida; pero al enterarse que Orión también sobrevivió la catástrofe, partió a Barakoa en su busca para unírsele y ayudarlo en la sagrada misión. Sin embargo el destino no lo quiso así, y sin saberlo, Uranto y Orión lucharon a muerte creyendo que peleaban contra Zachar y Crato respectivamente. Incapaz de salvarle la vida debido a que su chacra está descargado, Orión no puede hacer más que acompañar al general en sus últimos momentos y pedirle a Atón-Ra que proteja su alma en el más allá. Uranto ha muerto!

lunes, 30 de noviembre de 2009

Ravana - La Princesa

Ravana decide hacer lo que su conciencia le dicta y se detiene para ayudar a Serapis y Leopardo quienes han caido después de esquivar el proyectil que fue lanzado con una catapulta desde Cratala. Sin saberlo, la rubia es observada desde lejos a través de un telescopio por Crato, quien al ver al Serapis se llena de alegría, pues el sabio atlante es el único con los conocimientos necesarios para devolverle la humanidad que la transfusión de Aikido le quitó. El señor de las sombras monta su corcel y ofrece mil cratales de oro a quien capture a los fugitivos.

Ravana auyda a Serapis a ponerse de pie, mientras Leopardo aún adolorido escucha el galopar de los caballos que se acercan. Ravana levanta el carruaje por si sola y le dice al anciano y al jorobado que huyan, pero Serapis le dice que él se quedará para distraer a los soldados y la envía a ella y a Leopardo lejos de Cratala no sin antes pedirle a Atón-Ra que los proteja. Serapis se queda solo en medio del bosque por unos instantes hasta que escucha la voz de Crato llamándolo. El Gran Crat tiene planes especiales para el ciego anciano, pero lo que le espera a la princesa es mucho peor.

Sin tener en quien más confiar, Crato no tuvo más opción que darle otra oportunidad al Comandante Calixto, y ahora lo envía tras Ravana y Leopardo, a quienes deberá atrapar si desea conseguir el perdón de su amo por tratar de asesinarlo. El carro de guerra se adentra en el bosque nuevamente, y los caballos que ya estaban asustados por el incidente con el proyectil, están ahora más asustados con la conmoción; tanto así que Ravana y Leopardo han perdido control de las riendas y los animales se encuentran descarriados. Sin poder frenar el carruaje, la princesa y el jorobado están a punto de estrellarse contra los inmensos troncos de los árboles!

domingo, 29 de noviembre de 2009

Zachar - El Gato Negro

Mientras Eva duerme en una de las recámaras, Zachar se encuentra solo, sentado en el trono que le pertenecía a su abuelo Erick el Chacal, planeando sus próximos movimientos. De repente, puede escuchar la algarabía que proviene en las afueras del salón, y cuando se pone de pie, ve a Crato abrir los grandes portones de un solo golpe y con espada en mano. En realidad no se trata del Gran Crat, sino de Uranto, quien ha usurpado la identidad de Crato, y que por una razón desconocida vino hasta Barakoa en busca de Orión; pero ahora que lo sabe muerto, busca vengar su muerte.

Uranto y el Gato Negro se enlazan en una violenta lucha, primero con sus espadas, y luego mano a mano. Ambos demuestran un asombroso poderío y una increible agilidad digna solamente de los mejores guerreros de la hundida Atlántida. Subitamente el mortal duelo se ve interrumpido por la llegada de los mercenarios, quienes inmediatamente tratan de proteger a su amo contra el Gran Crat. Zachar les ordena que desistan y se vayan, ya que esta es una batalla entre padre e hijo solamente. Los mercenarios obedecen y se van.

El Gato Negro vs. El Gran Crat

Una vez el Gato Negro sella la entrada al salón del trono, Uranto se lanza a él con una lanza, pero en una ágil maniobra, Zachar se arroja al suelo y le clava un tridente en el pecho mientras exclama:

"Nunca intentes sorprender a un guerrero atlante!"

El caido Uranto comprende entonces que el hechicero Malaza decía la verdad... el hombre vistiendo la armadura del Gato Negro no es Zachar... es Orión!

Orión se quita el turbante y la barba postiza, y le revela a su oponente que tomó el lugar de Zachar durante su último enfrentamiento. El atlante forzó al Gato Negro a intercambiar vestiduras, y usando una arcilla pegajosa en los calabozos logró improvisar un disfraz. Cuando el mercenario usó su sable para matar al extranjero, sin saberlo mató en realidad al prícipe de Barakoa... Zachar murió hace más de un día y Orión ha estado usurpando su lugar.

Uranto se lamenta por lo ocurrido; de haber sabido que se trataba de Orión, él jamás lo hubiera atacado. Orión no comprende las palabras del agonizante hombre tendido en el suelo, y es cuando el general revela que él tampoco es Crato. Por fin sabremos...

sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Quién Sigue?

Esta fue una semana muy peligrosa para los personajes de Cratala, Barakoa, y el Territorio Prohibido. Primero Yolulo, el Pantera Blanca, luego de ser desenmascarado por su gente, es asesinado por Bomo el Torturador por dejarse descubrir.

Luego, el Torturador mismo es sacrificado por las Bestias del Valle y los Pantera en un intento por prevenir una maldición causada por magia mala; y finalmente el intrigador Hechicero Malaza muere ante el depiadado tridente de Uranto mientras divulgaba disparates en medio de la plaza central de Barakoa. No muy buena semana para ser un villano, pero pronto los buenos caerán también, y lo que todos se preguntan es... ¿Quién sigue?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Ravana - La Princesa

Ravana ha estado escondiéndose de los soldados y de su padre a lo largo y ancho de Cratala; también ha estado curándose la herida que Crato le produjo cuando le clavó una espada en el hombro. La princesa se acerca a los muros que convierten la ciudad en una impenetrable fortaleza, y ve un caballo abandonado así que lo roba y monta en él. Llegando a la salida de Cratala, Ravana se la juega toda y trata de huir en el corcel. Los soldados la detectan y notifican al Gran Crat, quien personalmente quiere eliminar a la traidora. Crato corre hacia una de las catapultas en las murallas y la apunta hacia Ravana, luego corta la cuerda y una descomunal roca se dispara como proyectil. La prófuga ha logrado salir de la ciudadela, pero nota que nadie la sigue aunque ha sido descubierta, y cuando mira hacia atrás ve la inmensa piedra a punto de caerle encima.

Al mismo tiempo Serapis y Leopardo van en el carruaje de guerra a toda velocidad. A pesar de su ceguera, el sabio atlante ha sido capaz de guiar a los caballos desde Barakoa con solo su instinto y su sentido de orientación; pero no nota ni siente la inmensa roca que cae del cielo y a la cual se dirige vertiginosamente. Saliendo del bosque finalmente Cratala está a la vista, y es en ese mismo instante que Leopardo nota la inmensa roca y a Ravana. Carruaje, jinete, y proyectil están a punto de chocar.

Ravana logra evadir el impacto en el último segundo, pero Serapis y Leopardo no corren con la misma suerte y el proyectil da de lleno contra el carruaje que se vuelca, mientras el jorobado y su acompañante son arrojados a la hierba. La princesa tiene la opción de continuar y cabalgar tan lejos de Cratala como le sea posible, pero un sentido de responsabilidad la invade y ahora no sabe qué hacer... si se detiene, su padre la capturará, pero si se va, dos inocentes indefensos morirán!

jueves, 26 de noviembre de 2009

Malaza - El Hechicero

Ha pasado un día desde que Uranto partió de Cratala y se dirigió con las tropas del señor de las sombras a toda marcha hasta Barakoa. Hoy el puente levadizo se baja nuevamente y las trompetas resuenan en la ciudad amurallada para darle la bienvenida al Gran Crat, sin saber que se trata en realidad de un impostor. Las tropas se detienen en la plaza central de la ciudad, y Uranto se lamenta en silencio al encontrar expuesto el cuerpo sin vida de Orión como si fuese un trofeo; Uranto se jura a sí mismo que vengará su muerte.

De repente Malaza aparece en medio de la multitud y se dirige a Uranto. Después de haber sembrado intrigas en el campamento de los Turanios, y de envenenar mentes en la aldea Cub, el hechicero se unió a los mercenarios del Gato Negro para refugiarse en Barakoa. Malaza le habla a quien cree es el Gran Crat y le jura que está a punto de caer en una trampa. Uranto desconoce al hechicero y trata de ignorarlo, pero Malaza insiste que Zachar no es Zachar en realidad.

"Los ojos de Zachar eran verdes como los de un gato, y ahora son azules como el cielo!"

clama el hechicero. Uranto cree que el anciano está demente y continúa caminando hacia el palacio de Zachar, pero Malaza se interpone de nuevo en su camino. Uranto le repite que se aparte, pero el anciano no obedece y continúa gritando. La paciencia del usurpador llega a su fin y tomando un tridente se lo clava en el pecho al hechicero. Qué irónico es el destino... después de tantas mentiras, engaños, e intrigas, Malaza muere el día que por primera vez habla con la verdad.

FELIZ DIA DE ACCION DE GRACIAS PARA TODOS!!!

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Leopardo - El Jorobado

Mientras el carruaje vuela por los aires durante segundos que parecen horas, Leopardo le reza a su diosa Bafoma, e incluso al dios Atón-Ra. Serapis lleva las riendas de los caballos y los ha hecho saltar el puente levadizo con la esperanza de escapar. La convicción del sabio atlante tiene su recompensa cuando el carruaje alcanza la otra orilla del río que comunica la ciudad amurallada con el territorio prohibido; y tanto el ciego como Leopardo celebran su huida.

Una vez ha pasado el peligro, Leopardo quiere bajarse del carruaje, pero Serapis se niega a detenerse, pues está obsesionado con llegar a Cratala. Cuando el jorobado le pregunta por qué quiere regresar al palacio negro, el anciano comienza a hablar de la misión y de la llave de la sabiduría; Leopardo no entiende nada de lo que escucha y piensa que tal vez el sabio atlante se ha vuelto loco.

Leopardo insiste en bajarse, pues tiene miedo de lo que le puede pasar si el Gran Crat llega a ponerle las manos encima; no solo por revelarle sus secretos a Ravana, sino también por traicionarlo y unirse a Orión. Por muchos años Purdo Leopardo le sirvió fielmente al señor de las sombras a cambio de nada, solo humillaciones y condescencia; y el solo pensar en regresar a la misma clase de vida le llena el cuerpo de escalofríos al jorobado.

martes, 24 de noviembre de 2009

Bomo - El Torturador

Vistiendo su disfraz de la Muerte, Bomo se acerca al resplandesciente cuerpo de Ramín que yace en el suelo con una flecha clavada en el pecho. Las Bestias se asustan al ver el misterioso brillo y creen que se trata de magia mala. Bomo los ignora y mira atentamente hasta que ve un pequeño cristal junto al cuerpo del joven; se trata del chacra sagrado de Serapis. Los Pantera discuten entre si que el niño era un dios en realidad, y ellos permitieron que fuera eliminado.

Enceguecido por la ambición, Bomo trata de robar el chacra de Serapis, pero con solo tocarlo se quema la mano y se ve obligado a soltarlo. Las Bestias insisten que se trata de mala magia, y los Pantera creen que es un castigo por no creer en el pequeño dios; pero Bomo los ridiculiza. Cansados de su actitud, tanto los Pantera como las Bestias hacen al torturador responsable de este mal presagio y lo culpan de lo ocurrido; para protegerse de una probable maldición solo hay una cosa que hacer, y es sacrificar al responsable.

Por primera vez las Bestias del Valle y los Pantera se unen en común acuerdo, y en un acto de superstición le arrancan la vida a aquel que por años trajo sufrimiento a tantos en Cratala y mala suerte al territorio prohibido. Bomo el torturador ha muerto! Mientras sepultan al torturador boca abajo para librarse del tabú, el chacra atlante cura a Ramín, quien se pone de pie como si nada le hubiese ocurrido, y toma el chacra en sus manos sin quemarse. Las dos tribus lo observan en desconcierto y sin necesitar más prueba se ponen al servicio del pequeño joven. Ramín acepta la oferta de ayuda y ordena que todos partan hacia Barakoa en busca de Orión.